Si en cada amanecer
siento tu presencia
y fuertemente me abrazas.
Si en las noches,
dando vueltas entre mis sábanas me acaricias...
Si en cada sonrisa te recuerdo,
si en cada sonrisa te evoco,
si a cada paso me envuelves
y si no estás, me siento extraña;
no sé por qué te maldigo,
no sé por qué no te acepto.
Si siempre estás a mi lado,
si siempre vigilas mis actos.
Hoy digo ¡Ya basta!
A todos los sueños
que rondan mi cabeza,
a las ideas locas
que surgen sin sentido,
a la inútil esperanza
que alimenta mis latidos.
Hoy puedo sentir
cómo entras en mi alma,
hoy pienso que eres
la única que me acompaña.
¡Hoy te acepto!
Soledad.
La vida es una búsqueda constante. La palabra, una huella en la arena. Asegúrate de que tus pasos dejen huellas... ¡Gracias por tu visita! Rosa
sábado, 23 de octubre de 2010
jueves, 23 de septiembre de 2010
Metáfora
Como ese barco navega por el mar
iluminado por los rayos
así, nuestro corazón atraviesa la vida
inquieto por el eco de nuestras palabras.
La brisa acaricia la nave
la trasporta
y se mecen...
acariciándose al compás del oleaje profundo.
Nadie sabe, hasta dónde llegará.
Nadie sabe, qué destino tendrá.
Sólo tú y yo, podemos entender
y disfrutamos al observar.
iluminado por los rayos
así, nuestro corazón atraviesa la vida
inquieto por el eco de nuestras palabras.
La brisa acaricia la nave
la trasporta
y se mecen...
acariciándose al compás del oleaje profundo.
Nadie sabe, hasta dónde llegará.
Nadie sabe, qué destino tendrá.
Sólo tú y yo, podemos entender
y disfrutamos al observar.
lunes, 13 de septiembre de 2010
Pensándote
Me despierto. Casi en un estado de somnolienta inconciencia mis ojos aún no logran despabilar la mañana. Siento en mi cuerpo vestigios de una noche, en que las horas deberían haber reparado el cansancio para emprender otra jornada, pero no fue así.
Comienzo a pensar en los motivos que hacen mis noches sin descanso y de algún lugar remoto afloran recuerdos que creía olvidados.
Antes soñaba, soñaba cosas inimaginables, sucesos que sólo pueden ocurrir en ese mundo de ilusiones; y los vivía a pleno, con la seguridad y la magnificencia que sólo ellos dan.
Soñaba elevarse mi cuerpo como si fuera una sutil hoja de papel y sintiéndome succionada por el espacio comenzaba un viaje, mientras podía divisarme sobrevolando la ciudad, esquivando cables de luz, árboles y edificios a gran velocidad, la adrenalina corría por mis venas; luego llegaba a un gran campo verde y allí mi vuelo se tornaba mucho más placentero y descansado, podía experimentar la brisa suave como caricia, oler los frutos del campo y la hierba, sentir dentro de mi corazón una paz inconmensurable.
Caigo en la cuenta que no recuerdo haber soñado en los últimos años. Empiezo a pensar entonces, que la relación con el cansancio puede darse por ese motivo.
¿Por qué se deja de soñar?
No encuentro respuestas.
¿Por qué se pierde la capacidad de soñar despierto?
No lo sé, pero qué lindo era cuando podía encontrar a flor de piel mis fantasías y mantenerme con ellas por momentos, tal vez escapando de algún viaje incómodo en algún apretado colectivo.
Recuerdo entonces cuando la abuela me contaba esos cuentos que inventaba o cuando aprendí a leer y comencé a descubrir el mundo subyacente que de un libro se desprende; entiendo que la literatura tiene mucho que ver con los sueños. Si bien entretiene, también motiva; despierta en el alma las emociones.
Sin encontrar muchas respuestas, decido abandonar mis pensamientos y refugiarme en un libro. Desprendo al azar uno, de la amontonada hilera que duerme en un estante. Me ubico en un lugar cómodo y abro sus páginas. Hay un señalador que se asoma entre las páginas, lo busco para ver qué es lo que indica. No puedo descubrir qué señala porque me quedo pasmada mirándolo, tiene la imagen de un ave que vuela alto en un cielo azul y una frase que dice: “Nunca dejes de soñar”.
sábado, 21 de agosto de 2010
Acerca/miento
quizás tu voz me traiga un soplo
y el verde extinguido prenda flores
quizás la lluvia me traiga tus manos
y esa luz, se torne olvido
de los mares
de los cielos
del reflejo ausente que en el agua duerme
minúsculo astro aparente
calcina la musa lenta
y siento pájaros en los dedos
… melancolía en la piel.
quizás la mañana me traiga lunas
para recorrer la leyenda de estos pasos.
quizás,
me traiga también jirones
que habré de usar en las márgenes
de este otoño
con la tinta
de cada huella inventada en el hierro
que cuelga de tu espalda
y marca el sonido del tiempo.
quizás tu ágil sonrisa retorne en la pausa
de una tarde inquieta y silenciada
y las crisálidas reanimen sus ojos
para honrar nuestros besos con sus mieles
mientras trepida en el campo
un traslúcido aroma de frutos mansos
y se pierden en la sombra vacía del naranjo
que peregrina alerta este cielo
y cuenta golondrinas en ramas sospechadas.
* 1er Premio en Poesía - Concurso: "El meridiano de la palabra" - SADE - Seccional Entre Ríos -
Paraná - 2010.
jueves, 12 de agosto de 2010
miércoles, 11 de agosto de 2010
Nostalgia II
Llueve. El agua emana mágicamente simulando cascada, pero en vez de brotar desde el centro de la tierra, surge del infinito espacio. ¿Quién la enviará?
El misticismo envuelve a la tarde y la nostalgia, espíritu incansable, se escabulle como vapor que penetra los poros y se torna actitud.
La brisa envuelve las formas que encuentra a su paso y la sacude levemente, como para mantenerlas despiertas.
El aire húmedo ingresa en forma lenta y prolongada provocando un suspiro. Habiendo declarado la vida en soledad, la mente busca anclajes para dibujar los recuerdos.
Las huellas son necesarias para que se conozca por dónde hemos transitado, con qué sonidos nos hemos deleitado y hasta qué profundidades hemos llegado.
El lento caminar produce cierto disfrute a cada paso. Sin volver la mirada puede saberse que en cada avanzar se marcó el camino. Volviendo la mirada, observamos que, como estela emanada de la fragante rosa, vamos despertando al mundo de las sensaciones.
Las gotas cristalinas caen unas sobres otras. Algunas rebotan en las hojas y vuelven a partir en diferentes direcciones, pero luego tienden a juntarse nuevamente.
El acto repetitivo incita a pensar: una gota junto a otra gota y otra más, se transforman en un hilo de agua, que se une a otros hilos formando un torrente, que junto a otros torrentes desembocan en el río, que junto a otros ríos van a volcarse al mar.
Así duerme el genio, esperando la gota, que se una a otra gota y lo haga despertar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Impaciencia
Muerdo mis uñas tal vez así, el tiempo se esfume ya no hay umbral en esta espera todo vuelve de incógnito, disfrazado pero v...
-
Muerdo mis uñas tal vez así, el tiempo se esfume ya no hay umbral en esta espera todo vuelve de incógnito, disfrazado pero v...
-
Las ramas en lo alto te anunciaron... ellas saben del susurro del viento y del sonido de pasos que a lo lejos retumban. Hay un sol en cada v...



