Extraordinario te presentas un día cualquiera como si fueses maravilla poseída de dulces encantos ostentando la felicidad, la verdad.
Cambias el rumbo de un río en quietud y a la vez lo vuelves torrentoso, caudaloso y enrarecido de burbujas que sacuden a quienes pueden sentirte.
Elevas las miradas perdidas y las centras en busca de su igual; entonces, semejan ángeles que fluyen en un oasis de estrellas que titilan en el azul, iluminando la noche de la vida.
Estremeces los sentidos provocando la máxima expresión que fluye descontrolada e impetuosa como risa del alma.
¡Quien pudiera vivir eternamente bajo tu influjo!
Y la vida, deja de ser sinónimo de soledad para transformarse en momentos compartidos en plenitud y entrega.
Y las palabras, suenan a dulce melodía que extasía al ser efímero y lo transforma hacia actitudes duraderas proyectadas hacia lo eterno.
Pero lo eterno…, lo eterno no nos pertenece.






