viernes, 7 de enero de 2011

Dedicado a mi Padre

42 años, 5 meses, 8 días y 5 horas desde que me recibió en sus brazos y nunca me dejó.
Hoy, soy yo quien no se aparta de él, aunque la vida trate a cada momento de arrebatármelo de mis brazos.
Si se pudiera... quisiera poder cambiar mi cuerpo por el suyo, para que no padezca estos malditos a.c.v.
Ya van tres... y aún resiste.

                                                            
                                  

                      Tu mano derecha

La que antes era fuerte y precisa
y hacía de un papel
barriletes de muchos colores,
escribía bellas palabras de amor
y construía laberintos de follajes,
dibujaba sonrisas de flores
y amaneceres en el campo.

La que me adormecía
descubriendo estrellas nuevas,
tal vez, un día me acunó
y me tomó muy fuerte
frente a algún peligro.

Me dio mariposas
para poder mirar las mañanas,
me brindó su calor
cuando buscaba abrigo
o juntó mis lágrimas
y las transformó en río.

La que antes era fuerte y precisa
hoy, atada al veneno
desfallece en la amargura
de un intento persistente,
mientras con los ojos me convences
         de que aún sigue aquí.


sábado, 1 de enero de 2011

Margaritas en el cielo

 
En las mañanas cuando el sol pintaba la aurora y las flores regalaban sus pétalos a la vida, la pequeña niña estiraba sus bracitos con un gran bostezo frente al rancho.
Luego del gran tazón con leche, sus hermanos mayores salían a realizar las tareas del campo. Ella, la menor de once hermanos, podía estar más cerca de su madre y disfrutaba acompañándola a  llevar los gansos en busca de hierba tierna, o a veces también, la miraba alejarse con las aves, mientras se sentaba bajo el aromo y se entretenía con ramitas, flores y hasta con algún caracol, pero sin perderle pisada a la madre.
Veía esa figura de largos vestidos, con los ojos hacia esa tierra  que con el trabajo duro mitigaba la soledad de su alma de mujer desamparada. En su seno cobijaba un nuevo hijo, eso la hacía florecer y caminando por el campo semejaba una margarita, por lo blanca, simple, o tal vez sólo porque ese era su nombre.
 En un campo vecino, estaba Abelino Soto, siempre agachado, como reverenciando a la "madre Tierra", sacando con sus manos la hierba mala de las plantaciones de batatas.
Margarita lo saludaba y de vez en cuando intercambiaban algunas palabras. A la pequeña le intrigaba lo que hablaban, pero mucho más le intrigaba cómo se miraban… largamente; y esas miradas interminables siempre finalizaban con la tímida sonrisa de ambos.
Muy rara vez, llegaba al rancho su padre, ese hombre malevo que se iba a trabajar afuera por largo tiempo y que cuando regresaba, sólo era para darles malos tratos a todos y a su madre, algún nuevo descendiente.
Pasaron las nueve lunas y Margarita ya no salió a cuidar los gansos.
A la casa llegaron muchas personas, hubo llantos y alborotos, mientras la pequeña miraba como acostaban el cuerpo de su madre en una mesa y entre las piernas colocaban el cuerpo de su hermanito; para luego un montón de viejas rezar a coro los rosarios alrededor de las velas mientras afuera, algunos cantaban con guitarra algún que otro chamamé.
Al otro día, seguido por una caravana humana, salieron del rancho dos cajones. Uno hacia el cementerio del pueblo, y el más pequeño fue ubicado en la copa de un árbol cercano a la casa.
Luego de pasar algunos silentes días, la niña salió corriendo de la casa con una vela en la mano y una sonrisa en la cara.
Abelino, que aunque sin ganas seguía en sus plantaciones, al verla la llama:
-         ¡Hey gurisa! ¿Pa dónde va?
-         Voy a prenderle esta vela a mi hermano. Papá dice que es un angelito.
-         Sí, así es… ¿Sabe algo?, el otro día vi a su mamá.
-         ¿Cómo?
-         ¡Sí! Estaba ahí, toda de blanco y como volando. Me dijo que quería que la fuera a visitar y que venía a darme su nueva dirección.
-         ¿A sí?... Y, ¿cuál es?
Abelino miró hacia arriba y levantando la mano bien alto señaló el cielo. En él, enormes nubes se habían agrupado formando muchísimas flores de pétalos alargados.
La pequeña miró hacia arriba y casi sin poder creer lo que veía dijo:
-         ¡Hay margaritas en el cielo!

jueves, 30 de diciembre de 2010

Mensaje para los Amigos

Gracias a todos por los buenos deseos y saludos recibidos!
Y tengo esperanza en que este 2011 nos reúna en la Paz,
El Amor y la Justicia Social!!
Besos al alma y Felicidades!!!

jueves, 23 de diciembre de 2010

¡Felicidades Amigos Navegantes!!!

Y mi deseo para quienes me acompañan en esta travesía…

“¡Que la Navidad renazca en nuestros corazones haciéndolos brillar!”



                             ¡Muchas Felicidades!

domingo, 19 de diciembre de 2010

Navidad

Nodriza amable que acunas esperanzas

A la vera de este sofá que me abraza

Viendo centellear las luciérnagas

Imágenes niñas retornan

Dando el calor de las noches mansas

Acariciando el alma…

Donde un pequeño niño me amina a renacer

sábado, 4 de diciembre de 2010

Hombre Sentado

Techos muy altos sugieren pisos fríos
en un caserón antiguo de pueblo chico
las siestas a media luz y
un fuerte olor a madreselvas,
comida casera y paredes húmedas.

Sensación de estar transitando
un panteón en penumbras,
paso a paso el frío ingresa por los pies,
mezclado con esa rara contención
y la seguridad que dan los seres queridos.

Un silencio y un canto triste de pájaros
un hombre gris sentado debajo del parral

las manos apoyadas en su bastón
y el cuerpo y los ojos inclinados hacia adelante
mirando a lo lejos quien sabe qué cosa

tal vez, alguna figura
dibujada en una hoja de papel
que el viento sopla y aleja cada vez más.

                                                          Escultura de Ángel Gil Cuevas

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Pequeña Aldea

El tiempo
en su tibia brisa te descubría
entre el espeso maizal
y los linares azulinos.

Ranchos y manos laboriosas
desbordaban esperanzas,
los campos arados,
las mateadas…

Una guitarra
con croar de verdes fantasmas
anunciando la adversidad,
que transformada en guerra,
sorteó la trama del fin.

Y tus habitantes,
                             esclavos de viento,
debieron escapar en silencioso exilio.
Ahora yaces disimulada en montes,
                                      perdurando…

Impaciencia

Muerdo mis uñas tal vez así, el tiempo se esfume ya no hay umbral en esta espera   todo vuelve   de incógnito, disfrazado pero v...