lunes, 31 de enero de 2011

Viaje


Camino
sin el alma dentro
por las calles del barrio de ayer

me pierdo en futuros
que no llegan

y soy barranca
de arcilla y recuerdos

desplomándose

frente al río
donde una canoa
me espera

                para el siguiente viaje.

sábado, 29 de enero de 2011

IV

Se me incrusta el mar



                 en la piel,


mientras las aves


                               escapan


de estas manos colmadas de caracoles


que abrigan con juegos, las hojas


musitan un crepúsculo


y despiertan a las estrellas


para luego



                         pasear por mi frente


                                                                los sueños.


- Poema IV de " Poemas de más allá del mar".


miércoles, 26 de enero de 2011

Vuelvo

Después de días de espera, vuelvo a esta hoja cibernética que me atrapa entre paredes de palabras,  me acerca a los amigos del alma y me conmueve en su insignificancia y a la vez magnificencia.
Me siento bien aquí, rodeada entre estas hojas de verano que me salvan de ese sol calcinante y me cobijan en su frescura de sabia natural.
Creo que a Uds. les pasa igual. La necesidad expresiva volcada en este espacio es más fuerte.
Me siento bien aquí; y quiero compartir mis sentires con los que siento.
Estoy bien.
El hombre que me enseñó a mirar con los ojos del alma ha partido, y estoy bien, porque ahora está más cerca mio... y lo siento.
Quiero compartir este sentimiento con todos y darles las gracias por sus palabras de aliento en esos días oscuros que me tocó transitar.
Hoy, tan sólo
                    vuelvo.

viernes, 21 de enero de 2011

Sin sentido...

Otro día que amanece


y van miles

la eterna espera de la ausencia

se hace patria

en mi centro.



Cuál fue el día en que quisiste

dejar de estar

                     sin haberte ido

no recuerdo un pacto

u olvido,

estás

          y no estás

                          a un mismo tiempo.



A qué hueco tan profundo has huido

intento un rescate

                          fracaso sin sentido.



Mi ojos te ven,

                     mi corazón no te siente.

Ya no importa si estás.


Sólo espero

                   que me llames

                   que me lleves contigo.

viernes, 7 de enero de 2011

Dedicado a mi Padre

42 años, 5 meses, 8 días y 5 horas desde que me recibió en sus brazos y nunca me dejó.
Hoy, soy yo quien no se aparta de él, aunque la vida trate a cada momento de arrebatármelo de mis brazos.
Si se pudiera... quisiera poder cambiar mi cuerpo por el suyo, para que no padezca estos malditos a.c.v.
Ya van tres... y aún resiste.

                                                            
                                  

                      Tu mano derecha

La que antes era fuerte y precisa
y hacía de un papel
barriletes de muchos colores,
escribía bellas palabras de amor
y construía laberintos de follajes,
dibujaba sonrisas de flores
y amaneceres en el campo.

La que me adormecía
descubriendo estrellas nuevas,
tal vez, un día me acunó
y me tomó muy fuerte
frente a algún peligro.

Me dio mariposas
para poder mirar las mañanas,
me brindó su calor
cuando buscaba abrigo
o juntó mis lágrimas
y las transformó en río.

La que antes era fuerte y precisa
hoy, atada al veneno
desfallece en la amargura
de un intento persistente,
mientras con los ojos me convences
         de que aún sigue aquí.


sábado, 1 de enero de 2011

Margaritas en el cielo

 
En las mañanas cuando el sol pintaba la aurora y las flores regalaban sus pétalos a la vida, la pequeña niña estiraba sus bracitos con un gran bostezo frente al rancho.
Luego del gran tazón con leche, sus hermanos mayores salían a realizar las tareas del campo. Ella, la menor de once hermanos, podía estar más cerca de su madre y disfrutaba acompañándola a  llevar los gansos en busca de hierba tierna, o a veces también, la miraba alejarse con las aves, mientras se sentaba bajo el aromo y se entretenía con ramitas, flores y hasta con algún caracol, pero sin perderle pisada a la madre.
Veía esa figura de largos vestidos, con los ojos hacia esa tierra  que con el trabajo duro mitigaba la soledad de su alma de mujer desamparada. En su seno cobijaba un nuevo hijo, eso la hacía florecer y caminando por el campo semejaba una margarita, por lo blanca, simple, o tal vez sólo porque ese era su nombre.
 En un campo vecino, estaba Abelino Soto, siempre agachado, como reverenciando a la "madre Tierra", sacando con sus manos la hierba mala de las plantaciones de batatas.
Margarita lo saludaba y de vez en cuando intercambiaban algunas palabras. A la pequeña le intrigaba lo que hablaban, pero mucho más le intrigaba cómo se miraban… largamente; y esas miradas interminables siempre finalizaban con la tímida sonrisa de ambos.
Muy rara vez, llegaba al rancho su padre, ese hombre malevo que se iba a trabajar afuera por largo tiempo y que cuando regresaba, sólo era para darles malos tratos a todos y a su madre, algún nuevo descendiente.
Pasaron las nueve lunas y Margarita ya no salió a cuidar los gansos.
A la casa llegaron muchas personas, hubo llantos y alborotos, mientras la pequeña miraba como acostaban el cuerpo de su madre en una mesa y entre las piernas colocaban el cuerpo de su hermanito; para luego un montón de viejas rezar a coro los rosarios alrededor de las velas mientras afuera, algunos cantaban con guitarra algún que otro chamamé.
Al otro día, seguido por una caravana humana, salieron del rancho dos cajones. Uno hacia el cementerio del pueblo, y el más pequeño fue ubicado en la copa de un árbol cercano a la casa.
Luego de pasar algunos silentes días, la niña salió corriendo de la casa con una vela en la mano y una sonrisa en la cara.
Abelino, que aunque sin ganas seguía en sus plantaciones, al verla la llama:
-         ¡Hey gurisa! ¿Pa dónde va?
-         Voy a prenderle esta vela a mi hermano. Papá dice que es un angelito.
-         Sí, así es… ¿Sabe algo?, el otro día vi a su mamá.
-         ¿Cómo?
-         ¡Sí! Estaba ahí, toda de blanco y como volando. Me dijo que quería que la fuera a visitar y que venía a darme su nueva dirección.
-         ¿A sí?... Y, ¿cuál es?
Abelino miró hacia arriba y levantando la mano bien alto señaló el cielo. En él, enormes nubes se habían agrupado formando muchísimas flores de pétalos alargados.
La pequeña miró hacia arriba y casi sin poder creer lo que veía dijo:
-         ¡Hay margaritas en el cielo!